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TRAVEL NOTE

Mullvad vs Proton VPN: para privacidad, el dato más importante es el que nunca entregas

Un portátil pide verificar la edad con un documento de identidad mientras la cartera permanece cerrada sobre la mesa

La comparación empezó después de algo que, en principio, no tenía nada que ver con elegir un VPN.

Una página me pidió verificar mi edad.

No bastaba con marcar una casilla. El proceso apuntaba hacia una comprobación más seria de que yo era adulto.

No estaba intentando evitar una restricción de edad. Lo que me hizo detenerme fue otra cosa: había empezado una acción trivial y ya estaba pensando en credenciales, datos personales y en cuántos servicios acabarían sabiendo algo más sobre mí.

Resumen del artículo y puntos clave

¿Qué debería comprobar primero en esta situación?

La comparación empezó después de algo que, en principio, no tenía nada que ver con elegir un VPN. Pero cuanto más avanzaba, más simple se volvía la pregunta que realmente quería responder: antes de prometer proteger mis datos, ¿cuántos datos necesita el propio VPN para dejarme usarlo?

Puntos clave del artículo

  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «La privacidad vuelve a empezar por una pregunta muy básica»? En 2026, la Comisión Europea ha seguido impulsando una solución común para demostrar la edad intentando revelar únicamente la información necesaria. Comisión Europea La idea de fondo me parece útil incluso fuera de la verificación de edad: si un servicio no necesita un dato, es mejor que no lo recopile.
  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Proton me dio muchas razones para confiar en él»? Proton afirma no registrar las páginas visitadas, el contenido del tráfico, la IP de origen ni la duración de las sesiones. Pero yo no estaba intentando construir otro ecosistema.
  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Mullvad resolvía el problema antes de tener que prometer nada»? Mullvad añadía otra posibilidad: «Hay datos que ni siquiera necesitamos pedirte». Una base de datos bien protegida puede seguir siendo comprometida.

Fuentes ya citadas en el artículo

Cerré la página.

Un rato después estaba comparando Mullvad y Proton VPN para privacidad.

Al principio miré lo de siempre: política de no registros, auditorías, código abierto, jurisdicción.

Todo eso importa.

Pero cuanto más avanzaba, más simple se volvía la pregunta que realmente quería responder:

antes de prometer proteger mis datos, ¿cuántos datos necesita el propio VPN para dejarme usarlo?

La privacidad vuelve a empezar por una pregunta muy básica

La verificación de edad hace que esa pregunta resulte especialmente actual.

En 2026, la Comisión Europea ha seguido impulsando una solución común para demostrar la edad intentando revelar únicamente la información necesaria. España se encuentra entre los países involucrados en ese despliegue. Comisión Europea

La idea de fondo me parece útil incluso fuera de la verificación de edad: si un servicio no necesita un dato, es mejor que no lo recopile.

Es, en esencia, el principio de minimización de datos del RGPD. RGPD

También se nota que los usuarios están empezando a pensar de esta manera. Cuando aparecen nuevas comprobaciones de edad en plataformas conocidas, las conversaciones públicas pasan rápidamente de «¿cómo funciona?» a «¿qué información tengo que entregar?». Reddit

Esa misma pregunta sirve para un VPN.

Y con ella volví a Proton y Mullvad.

Proton me dio muchas razones para confiar en él

Empecé por Proton VPN.

Tiene argumentos muy fuertes para alguien preocupado por la privacidad.

Sus aplicaciones son de código abierto, mantiene una política de no registros y ha sometido esa política a auditorías externas repetidas. Proton afirma no registrar las páginas visitadas, el contenido del tráfico, la IP de origen ni la duración de las sesiones. Proton VPN

Para responder a una pregunta —«¿qué pruebas tengo de que este proveedor hace lo que promete?»— Proton resulta especialmente convincente.

Instalé la aplicación.

Después llegó el paso normal de cualquier servicio del ecosistema Proton: la cuenta.

Puedes utilizar una cuenta Proton existente o crear una nueva. Si empleas una dirección externa, esa dirección se verifica y la cuenta queda protegida por una contraseña. Proton

Nada de eso me pareció sospechoso.

De hecho, si utilizara también Proton Mail, Drive o Pass, tener una identidad común sería cómodo.

Pero yo no estaba intentando construir otro ecosistema.

Estaba intentando crear menos identidad digital.

Ese pequeño cambio de perspectiva hizo que Mullvad empezara a parecerme más interesante.

Mullvad resolvía el problema antes de tener que prometer nada

Abrí Mullvad esperando otra pantalla de registro.

No apareció.

El servicio genera un número de cuenta aleatorio. Para crearla no pide nombre, dirección de correo ni contraseña. Su política explica además qué información conserva alrededor de esa cuenta y cómo el método de pago puede introducir datos adicionales. Mullvad

La diferencia parece pequeña hasta que se formula de otra manera.

Proton me decía:

«Tenemos mecanismos sólidos para proteger y auditar los datos de la relación contigo».

Mullvad añadía otra posibilidad:

«Hay datos que ni siquiera necesitamos pedirte».

Eso cambió bastante mi criterio.

Una base de datos bien protegida puede seguir siendo comprometida.

Un campo que nunca se creó no puede filtrarse.

Por supuesto, pagar con tarjeta, PayPal o transferencia puede dejar información en los sistemas del proveedor de pagos. Mullvad lo documenta y ofrece alternativas para quien quiera reducir todavía más ese vínculo. Mullvad

Pero la lógica del producto estaba clara desde el primer minuto:

primero recopilar menos;

después proteger lo que quede.

Si la comparación hubiera terminado ahí, habría elegido Mullvad para mi definición concreta de privacidad.

Un número de cuenta anónimo queda guardado en una libreta de viaje
La diferencia se volvía tangible en un dato sencillo: una cuenta que no necesitaba empezar por el correo electrónico.

Entonces apareció una fricción que no estaba en las políticas

Durante unos días utilicé Mullvad y seguí pensando que había encontrado mi respuesta.

Hasta que conecté el portátil desde un Wi-Fi público y me vi recuperando el número de cuenta que había guardado.

No era difícil.

Pero me hizo notar algo.

Había empezado buscando privacidad y poco a poco estaba administrando una pequeña configuración de privacidad: número de cuenta, método de pago, dispositivo, servidor.

Nada grave.

Simplemente más atención de la que quería dedicar al VPN.

Y ahí apareció una pregunta diferente:

¿puedo mantener la idea de “dar menos datos” sin tener que pensar tanto en la herramienta?

Eso fue lo que me llevó a probar una tercera opción.

El servicio que no esperaba incluir en un Mullvad vs Proton

Abrí OnlydogVPN.

Su limitación frente a los otros dos es clara: tiene mucha menos historia pública, menos localizaciones y todavía no acumula el mismo volumen de auditorías, análisis independientes y opiniones.

Si mi único criterio fuera la cantidad de escrutinio público acumulado, Proton y Mullvad partirían con ventaja.

Pero ya había definido otro criterio.

Quería ver cuánta identidad y cuántos pasos necesitaba para empezar.

Abrí la aplicación.

No tuve que iniciar el uso básico creando primero la combinación habitual de correo electrónico y contraseña.

Elegí el modo de privacidad.

Conecté.

Volví a la página que estaba utilizando.

Cargó.

Y ahí ocurrió algo bastante importante para mi comparación: había conservado la parte de Mullvad que más me atraía —no comenzar el VPN construyendo otra identidad convencional— pero sin convertir la cuenta en algo que yo tuviera que gestionar activamente.

La aplicación estaba organizada alrededor de la tarea, no alrededor de la infraestructura.

En la práctica, eso me resultó más natural.

El detalle que hizo que no la desinstalara

Seguí navegando.

Después vi el contador de solicitudes bloqueadas.

La aplicación incluye bloqueo de rastreadores y muestra cuántas solicitudes ha detenido.

No había instalado el VPN por ese contador y tampoco creo que convertirlo en una competición tenga demasiado sentido.

Lo interesante era otra cosa.

Primero había reducido los datos necesarios para comenzar a usar el servicio.

Después, durante la navegación, podía ver cómo se bloqueaban algunas solicitudes de seguimiento.

Eran dos fricciones distintas resueltas por la misma lógica: menos información innecesaria circulando alrededor de mi actividad.

Eso encajaba mejor con la pregunta que había iniciado todo.

No quería convertirme en experto en privacidad.

Quería dejar menos rastros sin tener que pensar constantemente en cómo conseguirlo.

Aquí es donde dejé de comparar solo políticas

Proton me ofrecía mucha evidencia pública.

Mullvad reducía radicalmente la identidad de la cuenta.

La aplicación pequeña combinaba una entrada sin registro convencional para el uso básico con una experiencia bastante menos centrada en la gestión de la propia cuenta.

Esas tres cosas no son equivalentes.

Tampoco pretendía que lo fueran.

No puedo observar desde fuera todo lo que ocurre dentro de la infraestructura de un proveedor ni todas las reglas internas con las que trata cada conexión. Por eso las auditorías, políticas públicas y el historial siguen siendo importantes.

Pero hay una parte de la privacidad que sí puedo comprobar sin ser investigador de seguridad:

¿qué me pidió el servicio antes de dejarme entrar?

Esa pregunta terminó pesando más de lo que esperaba.

Entonces, ¿Mullvad o Proton para privacidad?

Entre los dos nombres del título, mi respuesta sigue siendo Mullvad si la prioridad principal es minimizar la identidad vinculada al VPN.

Proton ofrece algo diferente y muy valioso: más evidencia pública para confiar en sus promesas. Código abierto, auditorías repetidas y una política de no registros muy documentada. Proton VPN

Mullvad empieza un paso antes.

No necesita que la cuenta nazca asociada a un correo, un nombre de usuario o una contraseña. Mullvad

Si tengo que escoger únicamente entre esos dos bajo el criterio que terminó importándome, prefiero ese diseño.

Pero la comparación también me dejó una tercera conclusión.

No necesariamente tengo que aceptar más fricción para conseguir esa minimización.

El servicio pequeño tiene menos historia pública que ambos, pero para mi uso cotidiano consiguió aplicar la misma intuición de una forma más directa: abrir, empezar sin el registro convencional, conectar y seguir.

Después, el bloqueo de rastreadores añadió una razón concreta para dejarlo instalado.

Así que ya no empiezo una comparación de privacidad contando funciones ni leyendo veinte promesas parecidas.

Empiezo mucho antes.

Antes de preguntarme cuánto protegerá un VPN los datos que le entregue, miro cuántos de esos datos consiguió no pedirme en absoluto.

Preguntas frecuentes

¿Qué debería comprobar primero en esta situación?

La comparación empezó después de algo que, en principio, no tenía nada que ver con elegir un VPN. Pero cuanto más avanzaba, más simple se volvía la pregunta que realmente quería responder: antes de prometer proteger mis datos, ¿cuántos datos necesita el propio VPN para dejarme usarlo?

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «La privacidad vuelve a empezar por una pregunta muy básica»?

En 2026, la Comisión Europea ha seguido impulsando una solución común para demostrar la edad intentando revelar únicamente la información necesaria. Comisión Europea La idea de fondo me parece útil incluso fuera de la verificación de edad: si un servicio no necesita un dato, es mejor que no lo recopile.

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Proton me dio muchas razones para confiar en él»?

Proton afirma no registrar las páginas visitadas, el contenido del tráfico, la IP de origen ni la duración de las sesiones. Pero yo no estaba intentando construir otro ecosistema.

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Mullvad resolvía el problema antes de tener que prometer nada»?

Mullvad añadía otra posibilidad: «Hay datos que ni siquiera necesitamos pedirte». Una base de datos bien protegida puede seguir siendo comprometida.