Cuaderno de viaje
Notas personales

Mejor VPN para Mac: la que no me obligó a elegir entre privacidad y Sidecar

MacBook e iPad en una mesa pequeña con Sidecar desconectado al activar la VPN

El VPN funcionaba perfectamente.

Sidecar, no.

Yo estaba trabajando con un MacBook y un iPad en una mesa demasiado pequeña para echar de menos un monitor de verdad. Había convertido el iPad en segunda pantalla, abierto el documento que tenía que entregar y, antes de empezar, activé el VPN.

La pantalla del iPad desapareció.

Volví a conectarla.

Funcionó unos segundos.

Se desconectó otra vez.

Apagué el VPN.

Sidecar volvió inmediatamente.

Aquello cambió bastante rápido mi idea de lo que significaba buscar el “mejor VPN para Mac”.

No necesitaba el túnel más estricto.

Necesitaba uno que entendiera que un Mac no trabaja solo.

Resumen del artículo

Respuesta breve

Mi primera reacción fue culpar a Apple. Desactivé y volví a activar Handoff. Incluso conecté el iPad por cable. Pero la prueba más útil era mucho más sencilla:

El problema no estaba realmente en Sidecar

Mi primera reacción fue culpar a Apple.

Reinicié el iPad.

Desactivé y volví a activar Handoff.

Comprobé Wi-Fi y Bluetooth.

Incluso conecté el iPad por cable.

Pero la prueba más útil era mucho más sencilla:

VPN apagado: Sidecar funcionaba.

VPN encendido: dejaba de funcionar.

Apple reconoce expresamente este tipo de conflicto. Su documentación advierte que una configuración VPN que impida el acceso a la red local puede interferir con Sidecar y otras funciones de Continuity. (Apple Support) Lo mismo ocurre con Universal Control, que necesita comunicación entre el Mac y el iPad. (Apple Support)

Eso explicaba lo que estaba viendo.

Mi VPN protegía la conexión a internet, pero al mismo tiempo estaba tratando al iPad de al lado como si también tuviera que quedar detrás de esa barrera.

Y ahí apareció una pregunta mucho más útil:

¿Por qué proteger internet tenía que romper mi propia red local?

Hasta entonces, “más estricto” me parecía automáticamente mejor

El VPN que utilizaba era de un proveedor conocido.

Tenía años de historial público, muchas ubicaciones y suficientes opciones para ajustar la conexión con bastante detalle.

Precisamente por eso confiaba en él.

También había elegido una configuración estricta. Mi razonamiento era sencillo: si uso un VPN, quiero que el tráfico pase por el túnel y evitar excepciones innecesarias.

Sobre el papel sonaba bien.

En un Mac empezó a sonar peor cuando pensé en todo lo que tenía alrededor del portátil.

Sidecar.

Universal Control.

Una impresora local.

A veces un NAS.

AirPlay.

No todas esas conexiones quieren salir a internet.

Algunas sólo quieren llegar al dispositivo que está al otro lado de la mesa.

MacBook e iPad funcionando juntos como escritorio de dos pantallas
La distinción útil era simple: proteger lo que salía a internet sin aislar los dispositivos de confianza que estaban al lado.

Ese fue el cambio importante: dejé de pensar en “todo dentro o todo fuera” y empecé a distinguir entre internet pública y mi red local de confianza.

No era una rareza de mi escritorio

Otros usuarios han descrito la misma frustración: Sidecar deja de funcionar al activar el VPN y vuelve cuando se permite de nuevo el tráfico local. (Reddit / r/MacOS)

No necesitaba convertir ese hilo en una prueba técnica.

La documentación de Apple ya explicaba la causa relevante. El relato público sólo aportaba el detalle humano: es muy fácil perder tiempo reiniciando el iPad antes de mirar el VPN.

Exactamente lo que yo había hecho.

Así que dejé de intentar “arreglar Sidecar”.

Empecé a buscar una forma de mantener protegido el Mac sin desmontar las funciones por las que utilizaba un Mac junto a un iPad.

Podía arreglarlo manualmente, pero ésa dejó de ser la cuestión

El proveedor grande tenía herramientas para ello.

Podía buscar el acceso a LAN.

Cambiar la configuración.

Comprobar qué tráfico quedaba fuera del túnel.

Reconectar Sidecar.

Probar Universal Control.

Volver a ajustar si algo seguía fallando.

Era posible.

Pero la comparación empezó a cambiar justo ahí.

El proveedor grande me daba más formas de corregir el problema.

Yo quería una opción que tratara esta situación como algo normal desde el principio.

No estaba montando una red de laboratorio.

Sólo quería utilizar el iPad como segunda pantalla mientras el Mac seguía conectado al VPN.

Con la segunda app probé primero lo que realmente me importaba

Abrí OnlydogVPN en el Mac.

Elegí una situación pensada para una red local de confianza: mantener accesibles los dispositivos cercanos mientras el tráfico público seguía protegido.

Conecté.

Y esta vez no fui primero a comprobar la IP.

Abrí Ajustes de Pantallas.

El iPad apareció.

Seleccioné Sidecar.

La segunda pantalla se encendió.

Esperé.

Siguió encendida.

Moví una ventana desde el Mac al iPad.

Después activé Universal Control y llevé el cursor hasta el borde de la pantalla.

Pasó al iPad.

Entonces sí abrí el navegador y comprobé la conexión exterior.

El VPN seguía activo.

Ése era exactamente el resultado que había estado buscando:

el Mac seguía formando parte de mi pequeña red Apple mientras su tráfico hacia internet permanecía protegido.

Y, sobre todo, no había tenido que construir esa separación a mano.

Ahí entendí qué había comparado mal

Hasta entonces había tratado cualquier tráfico que no pasara por el túnel como algo sospechoso.

Pero Sidecar no necesita viajar hasta un servidor remoto para encontrar un iPad que está a treinta centímetros.

Apple requiere que estas funciones puedan comunicarse localmente; por eso una VPN demasiado rígida puede interferir con ellas. (Apple Support) (Apple Support)

La distinción terminó siendo bastante simple:

tráfico hacia internet, por el VPN;

dispositivos locales de confianza, por la red local.

No necesitaba que ambos recorriesen exactamente el mismo camino.

De hecho, obligarlos a hacerlo había sido precisamente lo que rompió mi escritorio.

La solución más útil no era la que empujaba más tráfico al túnel.

Era la que sabía qué tráfico no tenía sentido mandar allí.

El Mac volvió a sentirse como un Mac

Eso fue más importante de lo que esperaba.

Una de las razones por las que llevo un MacBook y un iPad es precisamente no tener que montar un escritorio tradicional cada vez que trabajo fuera.

Abro el portátil.

Pongo el iPad al lado.

Sidecar.

Dos pantallas.

A trabajar.

Un VPN que me obligaba a renunciar a esa rutina introducía una fricción bastante extraña: añadía privacidad a costa de una de las funciones por las que había elegido ese conjunto de dispositivos.

Con la segunda configuración dejé de pensar en ello.

Moví Slack al iPad.

Dejé el documento principal en el Mac.

El navegador seguía bajo el VPN.

El cursor pasaba de una pantalla a otra.

En una tabla de especificaciones, aquello podía parecer un detalle menor.

Durante una jornada de trabajo, no lo era.

El segundo beneficio apareció después, sin buscarlo

Más tarde saqué el iPhone para comprobar una cuenta antes de salir.

Hasta entonces había probado el servicio únicamente en el Mac.

Quería llevar la misma protección al teléfono, pero no me apetecía repetir otra rutina de cuenta, correo y contraseña.

La app permitía vincular el segundo dispositivo mediante un código de verificación.

Lo hice.

Poco después, el teléfono también estaba conectado.

No fue la razón por la que elegí la solución.

Sidecar ya había resuelto la decisión principal.

Pero encajaba con la misma idea: si utilizo varios dispositivos Apple juntos, prefiero que la VPN añada menos administración entre ellos, no más.

La explicación técnica podía quedarse aquí

macOS permite a los clientes VPN crear túneles a nivel de sistema mediante Network Extension. (Apple Developer) Lo importante para este caso es qué ocurre con la red local cuando ese túnel está activo.

OnlydogVPN mantuvo disponible la comunicación necesaria con el iPad mientras el tráfico público del Mac seguía protegido.

No puedo observar las reglas internas exactas de routing y filtrado que aplica cada cliente VPN.

Pero el resultado era bastante claro.

Con la primera configuración, activar el VPN hacía desaparecer Sidecar.

Con la segunda, Sidecar seguía funcionando y el Mac seguía conectado al VPN.

Para mí, ésa era toda la explicación técnica que necesitaba.

“Todo por el túnel” dejó de ser mi definición de seguridad

Ésa fue la idea que tuve que abandonar.

Cuanto más tráfico obligue a atravesar el VPN, mejor.

En un portátil completamente aislado puede sonar razonable.

Un Mac suele vivir dentro de un pequeño ecosistema.

El iPad puede ser una pantalla.

El mismo teclado y trackpad pueden controlar ambos dispositivos.

Una impresora o un NAS pueden estar en la red local.

Apple trata esas conexiones como parte normal de Continuity. (Apple Support) (Apple Support)

Bloquearlas todas no hacía que mi configuración fuese mejor.

Sólo la hacía menos útil.

La configuración que terminó convenciéndome separaba dos necesidades que yo había mezclado desde el principio:

proteger internet;

y conservar mi red privada de confianza.

El proveedor grande seguía teniendo más de casi todo

La comparación tampoco cambió un hecho evidente.

El proveedor establecido tenía más países.

Más años de historia pública.

Más reseñas.

Más documentación.

Y más controles manuales.

OnlydogVPN tiene menos ubicaciones, una historia más corta y menos evaluaciones independientes.

Si necesitara una ciudad muy concreta o quisiera ajustar cada aspecto de la conexión, esa profundidad seguiría siendo atractiva.

Pero ésas no eran las cosas que estaban interrumpiendo mi trabajo.

Mi MacBook funcionaba.

Mi conexión funcionaba.

Mi iPad funcionaba.

El conflicto aparecía cuando encendía una VPN que no distinguía bien mi red local de internet.

El proveedor grande me daba más herramientas para corregir esa excepción.

La app pequeña evitó que la excepción se convirtiera en un proyecto.

El mejor VPN para Mac tenía que respetar por qué uso un Mac

Empecé pensando que elegir un VPN para macOS consistía en revisar compatibilidad, velocidad, países y protocolos.

Todo eso puede importar.

Pero ninguna de esas cifras me habría avisado de que podía encender el VPN y perder mi segunda pantalla.

Después de probarlo, mi criterio se volvió mucho más concreto.

Quiero que el VPN proteja lo que sale a internet.

No quiero que, para hacerlo, trate a mi iPad o a otros dispositivos locales de confianza como si fueran parte de una red hostil.

El proveedor grande podía llegar a ese resultado con más ajustes.

La segunda app llegó allí sin obligarme a reconstruir mi forma de trabajar.

Para mí, el mejor VPN para Mac terminó siendo el que protegía el portátil sin hacer que dejara de comportarse como parte del ecosistema Apple que tenía a su lado.

Preguntas frecuentes sobre este problema

¿Cuál es la causa principal en este caso?

Mi primera reacción fue culpar a Apple. Desactivé y volví a activar Handoff. Incluso conecté el iPad por cable. Pero la prueba más útil era mucho más sencilla:

¿Qué conviene comprobar primero?

El VPN que utilizaba era de un proveedor conocido. Tenía años de historial público, muchas ubicaciones y suficientes opciones para ajustar la conexión con bastante detalle. Precisamente por eso confiaba en él.

¿Qué cambia la respuesta en la práctica?

Otros usuarios han descrito la misma frustración: Sidecar deja de funcionar al activar el VPN y vuelve cuando se permite de nuevo el tráfico local. ( Reddit / r/MacOS ) La documentación de Apple ya explicaba la causa relevante.

¿Cuándo tiene sentido usar otro enfoque de VPN?

El proveedor grande tenía herramientas para ello. Comprobar qué tráfico quedaba fuera del túnel. Volver a ajustar si algo seguía fallando.