Quedaban dos plazas en el tren de la mañana cuando la web dejó de tratarme como cliente.
Estaba trabajando en un espacio compartido de Madrid. Necesitaba llegar a Valencia antes de una reunión que acababan de adelantar. Elegí el horario, escribí mis datos y llegué hasta el pago.
La respuesta breve
Podía comprar así, pero era una mala solución al problema que tenía delante. Había activado la VPN precisamente porque estaba trabajando desde una red compartida. No quería recuperar el acceso renunciando a la conexión protegida que pretendía conservar durante el resto de la jornada.
Entonces apareció una página casi vacía:
Access denied.
Debajo había un identificador largo y ninguna explicación útil.
Culpé al navegador. Abrí una ventana privada, borré las cookies y repetí la búsqueda. Las dos plazas seguían disponibles. Al pulsar “Continuar”, apareció el mismo bloqueo.
Probé desde el teléfono.
Ocurrió otra vez.
Los dos dispositivos utilizaban el mismo proveedor de VPN.
Mi primera reacción fue pensar que la web estaba bloqueando cualquier conexión VPN en España. No parecía una conclusión absurda. Durante 2025 y 2026, los bloqueos de direcciones IP se convirtieron en un asunto público por las medidas contra las retransmisiones deportivas ilegales. Algunas órdenes dinámicas alcanzaron también servicios legítimos que compartían infraestructura, y en abril de 2026 una comisión del Congreso aprobó una iniciativa para exigir mayor proporcionalidad y protección de los derechos digitales. (Congreso)
Además, en febrero de 2026 un juzgado concedió medidas cautelares relacionadas con determinadas direcciones dentro de las redes de dos grandes proveedores de VPN, dentro de actuaciones contra emisiones de fútbol sin autorización. (Elpais)
Con ese contexto, era fácil resumir lo ocurrido de la forma equivocada: España está bloqueando mi VPN.
Pero la pantalla mostraba otro tipo de bloqueo.
Cuando un operador español bloquea una dirección de destino, el usuario no puede llegar hasta ella. En mi caso, sí había llegado a la web de billetes. Era la propia plataforma la que rechazaba la dirección desde la que yo estaba entrando.
Esa diferencia explicaba por qué cambiar de navegador no había servido de nada.
Muchas personas pueden salir a internet mediante una misma IP de VPN. Para la web, clientes legítimos, bots, rastreadores e intentos de fraude pueden parecer una sola fuente.
Los sistemas de seguridad valoran señales como la dirección IP, su proveedor, su ubicación aparente y el ritmo de las solicitudes. Cuando una salida compartida acumula mala reputación, la web puede bloquearla o someterla a verificaciones adicionales. Es un problema habitual con VPN compartidas y proxies corporativos. (Cloudflare)
La web no necesitaba saber quién era yo.
Le bastaba con desconfiar de la IP que llevaba conmigo.
Ese juicio por asociación produce daños colaterales. Una dirección no siempre representa a una sola persona, una sola web o una sola actividad. Cuando muchos usuarios comparten la misma salida, el comportamiento de unos pocos puede afectar a todos los demás. (Cloudflare)
Entenderlo aclaró el motivo del bloqueo, pero no hizo aparecer mi billete.
Volví a la aplicación del proveedor que utilizaba habitualmente. Era una empresa conocida, con años de historia y una lista considerable de ubicaciones españolas. Elegí otro servidor en Madrid.
La web cargó. Seleccioné el tren. Completé de nuevo los datos.
Access denied.
Cambié a Barcelona. Esta vez apareció una prueba para identificar semáforos. La resolví. Llegó otra. Después una tercera.
Al terminar, la página me devolvió al buscador.
Las plazas disponibles habían bajado de dos a una.
Probé una ubicación más. El proveedor me estaba ofreciendo muchas direcciones, pero ninguna que aquella web quisiera aceptar.
Ahí cambió mi criterio.
Hasta entonces había comparado VPN por número de servidores, países disponibles y reconocimiento de marca. Frente a una web que clasificaba direcciones por riesgo, esas cifras servían de poco. Lo decisivo era si la IP asignada en ese momento podía completar la compra.
La misma frustración aparece en conversaciones de usuarios sobre bancos, tiendas y servicios de viajes: al apagar la VPN, la página vuelve a funcionar; al mantener ciertas salidas compartidas, aparecen bloqueos o CAPTCHA repetidos. (Reddit)
La solución más rápida parecía evidente.
Desconectar la VPN.
Lo hice durante unos segundos. La página cargó correctamente con la conexión directa del espacio de trabajo.
Podía comprar así, pero era una mala solución al problema que tenía delante. Había activado la VPN precisamente porque estaba trabajando desde una red compartida. No quería recuperar el acceso renunciando a la conexión protegida que pretendía conservar durante el resto de la jornada.
Tampoco tenía tiempo para recorrer una lista de ciudades hasta encontrar, por casualidad, una IP que aquella web todavía aceptara.
Quedaba una plaza.
Abrí OnlydogVPN, una aplicación más pequeña que había dejado instalada como respaldo. En vez de comenzar con un mapa y una lista de países, organizaba la conexión por situaciones. Elegí la opción para navegar desde una red con restricciones y me conecté sin crear una cuenta convencional con correo electrónico y contraseña.
Regresé a la web de billetes.
La portada apareció.
Seleccioné el tren. La última plaza seguía allí.
Al avanzar, esperé la página de bloqueo. En su lugar apareció el formulario de pago.
Introduje la tarjeta, confirmé la operación desde el banco y recibí el localizador antes de que el asiento desapareciera.
El problema quedó resuelto en menos tiempo del que había gastado cambiando entre servidores del proveedor anterior.
Solo entonces comprobé la dirección pública. Había cambiado. La nueva ruta había llegado a la misma web sin activar el bloqueo que detenía las conexiones anteriores.
No podía observar las reglas internas con las que la aplicación elegía la ruta ni los criterios exactos del sistema antifraude de la web. Sí podía comparar el resultado: las salidas anteriores terminaban en una denegación o en verificaciones repetidas; con la nueva conexión, el pago se completó.
Eso era lo que importaba.
No necesitaba una promesa de invisibilidad frente a todas las webs. Necesitaba que la aplicación encontrara una ruta utilizable sin obligarme a ensayar servidor tras servidor mientras desaparecía la última plaza.
La interfaz basada en situaciones redujo esa fricción. En lugar de decidir entre Madrid, Barcelona u otra ciudad, indiqué qué estaba intentando hacer y volví a la compra.
La ausencia de un registro convencional también ayudó. No tuve que abrir el correo, confirmar una dirección ni crear otra contraseña antes de conectarme. Cuando queda un solo asiento, cinco pasos menos dejan de ser una cuestión estética.
Después de guardar el billete, entré en la página donde había reservado una sala para la reunión. La conexión seguía activa y el sitio cargó sin otra ronda de comprobaciones.
En la aplicación vi también un contador de solicitudes de seguimiento bloqueadas. No era el motivo por el que la había abierto, pero sí una razón práctica para mantenerla conectada después de comprar el billete: la misma sesión que había resuelto el acceso también reducía parte del tráfico innecesario mientras continuaba trabajando.
El servicio tiene menos ubicaciones y una trayectoria pública más corta que los grandes proveedores. (OnlydogVPN) Para quien necesite escoger manualmente entre muchos países, un catálogo amplio puede seguir siendo importante.
Aquella tarde, sin embargo, el catálogo no era mi problema.
El proveedor conocido me había ofrecido varias ciudades y el mismo bloqueo. La conexión directa me daba acceso, pero me obligaba a apagar la VPN. La aplicación más pequeña encontró una salida que conservó la protección y permitió terminar la compra.
Por eso algunas webs bloquean IP de VPN en España: no siempre rechazan a la persona ni a la tecnología. Reaccionan a la reputación acumulada por una dirección compartida.
Para conseguir aquel tren, no necesitaba cientos de servidores visibles. Necesitaba una sola ruta que la web todavía estuviera dispuesta a aceptar.
Preguntas que puede dejar esta experiencia
¿Qué estaba causando realmente el problema?
Podía comprar así, pero era una mala solución al problema que tenía delante. Había activado la VPN precisamente porque estaba trabajando desde una red compartida. No quería recuperar el acceso renunciando a la conexión protegida que pretendía conservar durante el resto de la jornada.
¿Por qué fallaron las soluciones más obvias?
Mi primera reacción fue pensar que la web estaba bloqueando cualquier conexión VPN en España. No parecía una conclusión absurda. Durante 2025 y 2026, los bloqueos de direcciones IP se convirtieron en un asunto público por las medidas contra las retransmisiones deportivas ilegales. Algunas órdenes dinámicas alcanzaron también servicios legítimos que compartían infraestructura, y en abril de 2026 una comisión del Congreso aprobó una iniciativa para exigir mayor proporcionalidad y protección de los derechos digitales. ( Congreso ) (Congreso)
¿Qué conviene comprobar primero?
Por eso algunas webs bloquean IP de VPN en España: no siempre rechazan a la persona ni a la tecnología. Reaccionan a la reputación acumulada por una dirección compartida.
¿Qué terminó cambiando el resultado?
No necesitaba una promesa de invisibilidad frente a todas las webs. Necesitaba que la aplicación encontrara una ruta utilizable sin obligarme a ensayar servidor tras servidor mientras desaparecía la última plaza.
¿Qué merece la pena recordar?
El servicio tiene menos ubicaciones y una trayectoria pública más corta que los grandes proveedores. ( OnlydogVPN ) Para quien necesite escoger manualmente entre muchos países, un catálogo amplio puede seguir siendo importante. (OnlydogVPN)