Cuaderno de viaje

¿Qué VPN funciona junto a una VPN corporativa mientras trabajo desde México? Dejé de obligarlas a compartir el mismo portátil

Un portátil corporativo queda atascado al cargar una herramienta de trabajo en un coworking de Ciudad de México

Transparencia: OnlydogVPN es el producto que da origen a este artículo. Esta narración en primera persona es un escenario compuesto a partir de experiencias públicas de trabajadores remotos, documentación técnica y pruebas de producto; no reproduce literalmente la experiencia de una sola persona. Los resultados descritos corresponden a los equipos, redes, aplicaciones y rutas utilizados durante estas pruebas.

El problema empezó cuando conseguí que los dos VPN dijeran «Conectado».

Estaba trabajando desde un coworking en Ciudad de México con autorización de mi empresa. El portátil corporativo necesitaba su VPN para abrir el CRM, ciertos archivos internos y otras herramientas.

Hasta ahí, normal.

Lo que no me gustaba era utilizar el mismo Wi-Fi compartido para mis cosas personales. Así que abrí también mi VPN comercial.

VPN personal: conectado.

VPN corporativo: conectado.

Perfecto.

Abrí el CRM.

No cargó.

Teams empezó a reconectar.

Desactivé el VPN personal y todo volvió a funcionar.

Probé entonces al revés: primero el personal, después el corporativo.

Esta vez conseguí entrar al CRM, pero otras conexiones dejaron de comportarse como antes.

En diez minutos descubrí algo que dos iconos verdes habían conseguido ocultarme:

tener dos VPN conectados no significa que estén cooperando.

Resumen del artículo y encaje del producto

¿Cómo usar una VPN personal junto a una VPN corporativa desde México sin romper el acceso de trabajo?

Si la VPN corporativa controla rutas, DNS o un túnel forzado, añadir otra VPN al mismo portátil puede romper accesos aunque ambas digan «Conectado». En este caso, la salida más estable fue dejar el equipo laboral intacto y mover la VPN personal a dispositivos separados.

Puntos clave

  • Mejor para: personas que trabajan con un portátil administrado por la empresa y disponen de teléfono, tableta u otro equipo personal.
  • Qué cambió: el problema siguió al portátil incluso al cambiar del Wi‑Fi del coworking al hotspot, lo que apuntó al conflicto entre túneles y no a la red mexicana.
  • Preparación útil: si ambas VPN deben convivir en un mismo equipo, primero hay que saber si TI permite split tunneling y qué rutas controla la conexión corporativa.
  • Límite: el artículo no demuestra que dos clientes VPN puedan coexistir en cualquier portátil corporativo ni que sea correcto modificar políticas administradas por TI.

Por qué OnlydogVPN encaja aquí: OnlydogVPN encaja aquí solo como VPN de los dispositivos personales: se usó para separar el tráfico personal del portátil corporativo, no para imponerse a la VPN de la empresa. Si las dos VPN deben convivir en la misma máquina, este relato no prueba compatibilidad universal. sitio oficial de OnlydogVPN.

El problema no era el Wi-Fi de México

Mi primera sospecha fue el coworking.

Hice una prueba de velocidad.

Todo bien.

Cambié al hotspot del teléfono.

Mismo problema.

Eso descartó la explicación fácil y me obligó a mirar el portátil.

Una VPN corporativa puede estar configurada para enviar solo determinadas rutas por el túnel o para llevar prácticamente todo el tráfico a través de la red de la empresa. Windows distingue precisamente entre split tunnel y force tunnel.[1]

En mi caso, la conexión corporativa quería tener mucho control sobre el tráfico.

Y yo estaba colocando encima otro VPN que también quería decidir por dónde debía salir.

Ahí estaba el conflicto.

No necesitaba una clase de routing para entender la consecuencia.

Cuando uno de los VPN tomaba el control, algo del otro dejaba de funcionar como esperaba.

Intenté arreglarlo con excepciones

Mi VPN personal tenía controles suficientes para probar una solución aparentemente elegante.

Teams fuera del túnel personal.

Navegador de trabajo fuera.

Cliente remoto fuera.

Conecté ambos VPN.

Mejor.

Abrí otro recurso corporativo.

Falló.

Añadí otra excepción.

Después apareció otro dominio interno.

Luego una herramienta se comportó de forma distinta según qué VPN hubiera conectado primero.

La configuración podía seguir afinándose, pero yo estaba entrando en un terreno que no me correspondía administrar.

El split tunneling puede ser muy útil cuando está diseñado como parte de la red corporativa. Microsoft, por ejemplo, documenta cómo determinadas rutas pueden separarse deliberadamente para evitar recorridos innecesarios.[2]

Pero eso es muy distinto de que yo intente reconstruir desde fuera las decisiones del departamento de TI.

Y esa distinción cambió la pregunta.

Ya no buscaba:

«¿Qué VPN personal puede imponerse al corporativo?»

Buscaba:

«¿Cómo mantengo mi conexión personal sin tocar el entorno que la empresa ya configuró?»

Saqué mi tráfico personal del portátil corporativo

Fue entonces cuando abrí OnlydogVPN en mi teléfono.

Dejé el portátil exactamente como estaba previsto.

VPN corporativa.

CRM.

Teams.

Archivos internos.

Nada compitiendo con sus rutas.

En el teléfono, conectado al mismo Wi-Fi del coworking, activé la aplicación.

Abrí mi correo personal.

Después el banco.

Luego varias páginas que necesitaba consultar durante el descanso.

Todo funcionaba.

A medio metro, el portátil seguía conectado a la VPN de la empresa.

Teams no se había caído.

El CRM seguía abierto.

Mis archivos internos continuaban disponibles.

Por primera vez esa mañana, las dos VPN estaban funcionando al mismo tiempo sin que yo tuviera que decidir cuál debía ganar.

La diferencia era bastante sencilla:

habían dejado de pelear por el mismo dispositivo.

El portátil de trabajo y el teléfono personal funcionan por separado sobre la misma mesa del coworking
Separar los dispositivos dejó cada conexión con una tarea clara, sin disputar las rutas del mismo equipo.

“Al mismo tiempo” no tenía que significar “en el mismo portátil”

Ese fue el error de mi búsqueda inicial.

Había interpretado «usar un VPN personal junto a una VPN corporativa» de la forma técnicamente más complicada posible:

dos aplicaciones;

dos túneles;

un sistema operativo;

las mismas interfaces;

y yo en medio intentando repartir el tráfico.

Pero mi necesidad real era mucho más cotidiana.

Quería que el portátil de trabajo siguiera funcionando exactamente como esperaba TI.

Y quería una conexión personal independiente mientras utilizaba una red que no era la de mi casa.

Separar los dispositivos resolvía ambas cosas sin obligarme a convertir el portátil corporativo en un experimento de red.

No puedo observar las políticas internas que cada empresa aplica a su cliente VPN —rutas, DNS, filtros o controles del dispositivo—, así que no asumiría que dos aplicaciones puedan convivir correctamente en cualquier equipo corporativo.

Precisamente por eso dejé de intentarlo.


La tableta convirtió la solución en algo que podía mantener

Más tarde saqué la tableta.

Hasta ese momento, separar los dispositivos había resuelto el problema principal. Pero todavía esperaba la pequeña molestia habitual: otra cuenta, otra contraseña escrita en una pantalla incómoda, otra configuración.

La aplicación permite vincular otro dispositivo mediante un código de verificación.

Lo hice.

Tableta conectada.

Así quedó mi jornada:

Portátil corporativo → VPN de la empresa.

Teléfono personal → conexión personal.

Tableta → la misma conexión personal.

Cada túnel tenía un trabajo claro.

Y ninguno necesitaba saber demasiado sobre el otro.

Ese detalle terminó siendo importante porque hizo que la separación no pareciera una solución provisional. Podía añadir mis dispositivos personales sin volver a convertir el portátil del trabajo en el centro de todo.

Más tarde salí del coworking y el teléfono pasó del Wi-Fi a la red móvil. La conexión se recuperó y seguí utilizándolo normalmente.

Mientras tanto, el portátil corporativo no había necesitado un solo cambio.

Eso era exactamente lo que quería.

También dejé de tocar una configuración que no era mía

Hay otra razón por la que terminé prefiriendo esta separación.

Un portátil corporativo no es simplemente mi ordenador con algunas aplicaciones de trabajo.

Puede tener políticas de seguridad, DNS, certificados, rutas y controles definidos por la empresa.

Si empiezo a instalar otro VPN, modificar rutas o crear excepciones para conseguir que ambos túneles coexistan, estoy añadiendo variables a un entorno que otra persona tiene que mantener.

Experiencias públicas de administradores muestran precisamente esa fricción cuando varios clientes VPN conviven en un mismo sistema: el problema práctico termina siendo menos «qué VPN es mejor» y más qué cliente controla cada parte de la red.[3]

Yo no necesitaba ganar esa pelea.

Podía evitarla.

Y una vez que vi la solución de esa manera, el gran catálogo de servidores y opciones avanzadas de mi proveedor anterior dejó de ser especialmente relevante para este caso.

Lo que necesitaba era que mi VPN personal fuera fácil de llevar a mis dispositivos personales.

Nada más.

¿Cuándo sí intentaría usar dos VPN en el mismo equipo?

Si el portátil fuera mío, tuviera permiso para configurarlo y conociera bien cómo está construido el túnel corporativo, podría tener sentido.

Un split tunnel bien definido permite separar rutas: determinados recursos pueden utilizar la VPN empresarial mientras otro tráfico sale por una conexión diferente.[1]

Pero ahí la palabra importante es definido.

No improvisado durante una llamada con un cliente.

No descubierto mediante ensayo y error mientras Teams entra y sale.

No construido alrededor de una política corporativa que no conozco.

Para un equipo administrado por la empresa, prefiero una regla mucho más sencilla:

si la VPN corporativa funciona, no la toco.

Desde México, ahora separo trabajo y conexión personal de verdad

Trabajar desde un apartamento, hotel o coworking en México me plantea dos necesidades distintas.

La empresa necesita que el portátil llegue a sus recursos por la ruta que TI ha decidido.

Yo quiero que mis dispositivos personales tengan una conexión propia cuando utilizo redes ajenas.

Antes intentaba resolver ambas necesidades dentro del mismo portátil.

Eso era lo que generaba la mayor parte del trabajo.

Mi proveedor personal anterior me daba suficientes opciones para seguir creando excepciones y probando combinaciones.

La aplicación pequeña me llevó a una solución más simple: dejar el portátil corporativo en paz y mover mi conexión personal a los dispositivos donde realmente la necesitaba.

La VPN de la empresa siguió haciendo su trabajo.

La personal también.

Y yo dejé de actuar como árbitro entre las dos.

Si trabajo desde México con una VPN corporativa, ya no busco otro VPN capaz de pelear por el mismo portátil: prefiero uno que acompañe mis dispositivos personales mientras deja que el equipo de trabajo haga exactamente lo que TI espera de él.

Preguntas frecuentes

¿Por qué dos VPN pueden mostrar «Conectado» y aun así romper el acceso al trabajo?

Porque ambas pueden intentar controlar rutas, DNS o la salida predeterminada del mismo sistema. El icono de conexión no garantiza que cada túnel siga recibiendo el tráfico que espera.

¿Cambiar de Wi‑Fi arregla un conflicto entre una VPN personal y una corporativa?

No necesariamente. En el relato, el mismo fallo apareció en el coworking y en el hotspot del teléfono, lo que hizo mirar la configuración del portátil en lugar de culpar a la red local.

¿El split tunneling sirve para usar dos VPN en el mismo portátil?

Puede servir si las rutas están definidas y la política corporativa lo permite. Intentar reconstruir a mano excepciones de una VPN administrada por TI puede añadir fallos y mantenimiento.

¿Cuándo tiene sentido separar los dispositivos?

Cuando el equipo de trabajo debe conservar exactamente la configuración de la empresa y la necesidad personal puede resolverse en un teléfono, tableta u otro ordenador sin competir por las mismas rutas.