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TRAVEL NOTE

¿Qué VPN ofrece mejor relación calidad-precio en Puerto Rico? La que no te obliga a empezar de cero cada vez que cambia la red

Un portátil intenta reconectar durante un apagón mientras el teléfono ofrece un hotspot en Puerto Rico

A la 1:52 de la tarde se fue la luz.

Mi reunión empezaba a las dos.

El portátil siguió funcionando con batería. El monitor murió. El aire acondicionado también. Unos segundos después desapareció el Wi-Fi.

No era la primera vez, así que no perdí tiempo investigando.

Resumen del artículo y puntos clave

¿Qué debería comprobar primero en esta situación?

Abrí una página sin el túnel para comprobar el hotspot. Había elegido mi VPN porque la promoción de dos años parecía barata y ofrecía una cantidad enorme de servidores.

Puntos clave del artículo

  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «En Puerto Rico cambiar de red no es un caso raro»? La frecuencia también aumentó hasta casi 16 interrupciones por cliente durante el año. Y cuando se va la electricidad, para alguien que trabaja conectado la pregunta siguiente aparece enseguida: ¿qué red uso ahora?
  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Mi VPN barata funcionaba muy bien mientras nada cambiara»? Por eso tardé en considerar que podía ser la pieza que fallaba durante los cortes. Pero había requerido exactamente las decisiones que esperaba haber pagado para no tomar.
  • ¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Había estado comparando el contrato, no el momento en que necesitaba la VPN»? Cuando busqué alternativas, al principio volví a cometer el mismo error. La VPN no había dejado de servirme porque me faltara un servidor en otro continente.

Fuentes ya citadas en el artículo

Saqué el teléfono.

Hotspot.

Portátil conectado.

Internet volvió.

Pensé que ya estaba resuelto.

Entonces miré mi VPN.

«Reconectando».

Esperé.

«Reconectando».

Abrí una página sin el túnel para comprobar el hotspot.

Funcionaba perfectamente.

Volví a la VPN.

Nada.

Terminé desconectándola, entrando a la reunión y prometiéndome que después revisaría la configuración.

Aquella tarde entendí que estaba calculando mal la relación calidad-precio.

Había elegido mi VPN porque la promoción de dos años parecía barata y ofrecía una cantidad enorme de servidores.

Pero cuando desapareció la red de casa y tuve que pasar al móvil, ninguna de esas dos ventajas me devolvió a la reunión.

En Puerto Rico, para mí una VPN que recupera rápidamente la conexión cuando salto de fibra a hotspot vale más que una que simplemente consigue ofrecer más meses por el mismo dinero.

En Puerto Rico cambiar de red no es un caso raro

Dos días antes de escribir esto, la Administración de Información Energética de Estados Unidos había publicado un dato que explica por qué aquella escena no me parecía excepcional.

En 2025, el cliente promedio de Puerto Rico sufrió unas 36 horas de interrupciones eléctricas no relacionadas con grandes eventos, un 19 % más que en 2024. La frecuencia también aumentó hasta casi 16 interrupciones por cliente durante el año.

No estamos hablando únicamente de prepararse para un huracán.

También están los cortes ordinarios.

Y cuando se va la electricidad, para alguien que trabaja conectado la pregunta siguiente aparece enseguida:

¿qué red uso ahora?

A veces el router tiene respaldo.

A veces no.

A veces queda el hotspot del teléfono.

O el Wi-Fi de una cafetería.

O una segunda conexión.

En una conversación reciente de r/PuertoRico sobre trabajo remoto, el consejo práctico iba precisamente por ahí: batería, respaldo eléctrico y hotspot para no depender de una sola conexión.

Era suficiente para confirmar algo que mi propia tarde ya me había enseñado.

Mi problema no era elegir entre diez países.

Era pasar de una red a otra sin perder diez minutos cada vez.

Equipo cotidiano de respaldo eléctrico y conexión preparado en un balcón de Puerto Rico
Cuando los cortes forman parte de la rutina, la batería y la segunda conexión dejan de ser extras y pasan a ser parte del escritorio.

Mi VPN barata funcionaba muy bien mientras nada cambiara

En casa no tenía grandes quejas sobre mi proveedor habitual.

Era conocido.

Tenía años de historia pública.

Muchísimas ubicaciones.

Y había conseguido el plan con una promoción larga que hacía que el precio mensual equivalente pareciera diminuto.

Con la fibra estable, conectaba y me olvidaba.

Por eso tardé en considerar que podía ser la pieza que fallaba durante los cortes.

La segunda vez que tuve que usar el hotspot hice una prueba con más calma.

Fibra.

VPN conectado.

Todo bien.

Apagué el Wi-Fi del portátil.

Activé el hotspot.

Internet volvió casi inmediatamente.

El túnel, no.

Esperé.

Desconecté.

Reconecté.

Después cambié de servidor.

Funcionó.

El problema estaba resuelto, sí.

Pero había requerido exactamente las decisiones que esperaba haber pagado para no tomar.

Servidor.

Reconexión.

Esperar.

Probar otra vez.

Y ahí apareció una idea que nunca había puesto en mi hoja de cálculo:

una VPN puede ser barata por mes y cara en interrupciones.

Había estado comparando el contrato, no el momento en que necesitaba la VPN

Cuando busqué alternativas, al principio volví a cometer el mismo error.

Página de precios.

Descuento.

Meses incluidos.

Precio mensual equivalente.

Número de países.

Era una comparación muy ordenada.

Y tenía poco que ver con lo que había ocurrido a la 1:52.

La VPN no había dejado de servirme porque me faltara un servidor en otro continente.

Había dejado de servirme cuando mi portátil abandonó una conexión y apareció en otra.

Ese cambio de red era el problema real.

Así que sustituí mi antigua pregunta —«¿cuánto cuesta al mes?»— por otra mucho más útil:

¿qué ocurre cuando mi conexión principal desaparece y tengo que continuar por otra?

Con ese criterio, muchas ventajas que antes parecían enormes empezaron a reducirse.

Y una característica que apenas aparecía en mis comparativas empezó a valer mucho más: la recuperación.

Con OnlydogVPNhice la prueba que normalmente evitaría durante una jornada de trabajo

Abrí OnlydogVPN.

No empecé buscando una ciudad ni probando servidores uno detrás de otro.

Elegí la situación correspondiente a una conexión que podía cambiar o degradarse.

Conecté el portátil al Wi-Fi de casa.

Abrí el documento compartido que estaba editando.

Luego hice deliberadamente lo que un apagón haría por mí.

Apagué el Wi-Fi.

Activé el hotspot del teléfono.

Hubo una pausa.

El portátil tomó la nueva conexión.

El túnel recuperó.

Volví al documento.

Seguía allí.

Después inicié una videollamada y repetí la prueba.

Wi-Fi.

Hotspot.

Una breve transición.

La sesión continuó.

Eso era exactamente lo que quería comprar.

No una lista más larga de servidores.

La posibilidad de que una caída de mi conexión principal no se convirtiera también en una sesión de mantenimiento del VPN.

La explicación técnica era mucho más corta que mi sesión de troubleshooting

El servicio utiliza un transporte basado en HTTP/3, apoyado en QUIC.

QUIC está diseñado para manejar mejor los cambios de camino de red, algo especialmente útil cuando un dispositivo deja una conexión y continúa por otra.

No puedo observar las reglas internas exactas de recuperación y selección de ruta del servicio.

Pero el resultado que podía medir era muy sencillo:

Wi-Fi fuera.

Hotspot dentro.

VPN recuperado.

Trabajo continuando.

No necesitaba una explicación más larga.

La diferencia ya estaba en la pantalla.

Puerto Rico convierte el hotspot en parte normal del escritorio

Después de aquello empecé a ver el teléfono de otra manera.

Hasta entonces lo consideraba mi conexión de emergencia.

Algo que utilizaba únicamente cuando «Internet se caía».

Pero en Puerto Rico puede formar parte de una estrategia bastante cotidiana.

Las mediciones de Opensignal publicadas en junio de 2026 muestran que las redes móviles de la isla pueden ofrecer velocidades suficientes para funcionar como respaldo serio; T-Mobile, por ejemplo, encabezó su medición de descarga 5G con 143,7 Mbps.

Para mi problema, la cifra exacta importaba menos que la consecuencia.

Mi hotspot podía mantener una reunión.

Ya tenía una segunda red disponible.

Lo absurdo era que el VPN se convirtiera en el cuello de botella justo después de haberla encontrado.

Ahí entendí que la recuperación también tenía un valor económico.

Si ya pago fibra.

Si ya pago datos móviles.

Si ya mantengo el portátil cargado.

Quiero que la herramienta que uso sobre ambas conexiones se adapte al cambio sin convertirme a mí en parte del mecanismo de recuperación.

Los 69,99 dólares empezaron a significar algo distinto

Durante mi revisión de agosto de 2026, la App Store mostraba el servicio a 69,99 dólares al año o 10,99 dólares al mes.

En una comparación convencional habría abierto inmediatamente otra pestaña.

VPN A: tantos dólares durante dos años.

VPN B: tantos dólares durante doce meses.

Dividir.

Ordenar.

Elegir el número menor.

Esta vez hice otra cuenta.

¿Cuántas veces durante el año voy a pasar de Wi-Fi a hotspot?

¿Cuántas veces voy a trabajar desde otro lugar porque la conexión de casa no está disponible?

¿Cuántas veces cerraré el portátil en una red y lo abriré en otra?

Y, cuando ocurra:

¿voy a pensar en el VPN o en mi trabajo?

Ahí los 69,99 dólares dejaron de ser simplemente el precio de doce meses.

Empezaron a representar doce meses en los que el cambio de red tenía menos posibilidades de convertirse en mi problema.

Para mí, eso mejoraba mucho la relación calidad-precio.

Después del cambio de red apareció una segunda pequeña ventaja

Más tarde hice la misma prueba con el teléfono.

No quería otro proceso de acceso, otra contraseña que recordar ni una nueva sesión administrativa.

Pude añadir el dispositivo mediante un código de verificación.

Un momento después estaba conectado.

No fue la razón por la que el servicio había resuelto mi problema.

La razón principal seguía siendo la continuidad cuando cambiaba la red.

Pero el detalle encajaba bien después.

Mi conexión de respaldo era precisamente el teléfono.

Poder dejarlo preparado sin otra ronda de credenciales hacía más sencillo mantener el mismo esquema:

portátil en Wi-Fi cuando está disponible;

hotspot cuando deja de estarlo;

VPN funcionando sobre ambos.

Una pequeña fricción menos.

Y en una tarde de apagón, las fricciones pequeñas se acumulan muy rápido.

El proveedor grande sigue ganando otra comparación

OnlydogVPNtiene menos localizaciones, menos años de historia pública y menos evaluaciones independientes que los proveedores establecidos.

Si quisiera elegir manualmente una ciudad muy concreta en muchos países, una red enorme tendría una ventaja evidente.

Pero varios cortes me hicieron entender que ésa no era la comparación que necesitaba hacer en Puerto Rico.

Ya tenía suficientes servidores.

Lo que no tenía era suficiente continuidad.

Una VPN que cuesta muy poco durante tres años pero me obliga a tocarla cada vez que cambia mi conexión puede seguir siendo una compra excelente para alguien que casi nunca sale de una red estable.

Mi uso era distinto.

Las interrupciones no llegaban cuando tenía media hora libre para estudiar protocolos.

Llegaban ocho minutos antes de una reunión.

Con un archivo a medio subir.

Con alguien esperando una respuesta.

En esos momentos, la relación calidad-precio deja de ser una división entre dólares y meses.

Se convierte en una división entre minutos perdidos y problemas resueltos.

Ahora pruebo las VPN apagando el Wi-Fi

Mi antigua prueba era un speed test.

Conectar.

Medir descarga.

Mirar latencia.

Comparar servidores.

Ahora hago algo bastante menos elegante.

Empiezo una tarea.

Luego cambio de red.

Wi-Fi a hotspot.

Hotspot a Wi-Fi.

Y observo cuánto trabajo me obliga a hacer la aplicación para continuar.

Puerto Rico me hizo cambiar la prueba porque aquí la conexión «principal» no siempre sigue siendo la principal durante toda la jornada. Los últimos datos de la EIA muestran que las interrupciones eléctricas ordinarias aumentaron en 2025 incluso sin contar los grandes eventos.

Por eso quiero que mi VPN entienda una realidad bastante sencilla:

la red de las 10:00 puede no ser la red de las 10:05.

Cuando eso ocurra, quiero que el portátil encuentre el hotspot, que el túnel encuentre el nuevo camino y que yo siga mirando el mismo documento.

No quiero volver a una lista de servidores.

No quiero acordarme de qué configuración usaba.

Y, sobre todo, no quiero descubrir ocho minutos antes de una reunión que ahorré dinero en la parte equivocada.

En Puerto Rico, la VPN que más valor me da por mi dinero no es la que me vende más meses baratos: es la que hace que un apagón me obligue a cambiar de red, pero no a empezar de nuevo.

Preguntas frecuentes

¿Qué debería comprobar primero en esta situación?

Abrí una página sin el túnel para comprobar el hotspot. Había elegido mi VPN porque la promoción de dos años parecía barata y ofrecía una cantidad enorme de servidores.

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «En Puerto Rico cambiar de red no es un caso raro»?

La frecuencia también aumentó hasta casi 16 interrupciones por cliente durante el año. Y cuando se va la electricidad, para alguien que trabaja conectado la pregunta siguiente aparece enseguida: ¿qué red uso ahora?

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Mi VPN barata funcionaba muy bien mientras nada cambiara»?

Por eso tardé en considerar que podía ser la pieza que fallaba durante los cortes. Pero había requerido exactamente las decisiones que esperaba haber pagado para no tomar.

¿Por qué importa este punto al elegir una VPN: «Había estado comparando el contrato, no el momento en que necesitaba la VPN»?

Cuando busqué alternativas, al principio volví a cometer el mismo error. La VPN no había dejado de servirme porque me faltara un servidor en otro continente.