La VPN iba rapidísimo.
Hasta que salí del café.
Había pasado la mañana trabajando en Medellín con el portátil conectado al Wi-Fi de un coworking. Tenía activa una VPN de una marca grande, una conexión rápida y ninguna razón para pensar demasiado en ella.
Cerré el portátil.
Bajé a la calle.
Unos minutos después lo abrí en el carro porque tenía que enviar una versión corregida de un archivo antes de llegar a la siguiente reunión.
El equipo pasó al hotspot del teléfono.
5G.
Buena señal.
Internet funcionaba.
La VPN, no.
“Reconectando”.
Esperé.
Otra vez “Reconectando”.
Desactivé y activé la conexión.
Cambié de servidor.
El archivo seguía esperando.
Aquello me hizo cuestionar una idea que llevaba años usando para escoger VPN:
quizá en Colombia de 2026 la velocidad máxima importa menos que lo bien que una conexión sobrevive cuando cambia la red debajo de ella.
Resumen del artículo
Respuesta breve
La razón por la que este problema me pareció especialmente colombiano apareció después en las cifras oficiales. Colombia alcanzó 10 millones de accesos 5G durante el primer trimestre de 2026.
Colombia tiene más 5G, pero mi día sigue pasando por varias redes
La razón por la que este problema me pareció especialmente colombiano apareció después en las cifras oficiales.
Colombia alcanzó 10 millones de accesos 5G durante el primer trimestre de 2026. Al mismo tiempo, 4G seguía concentrando muchos más accesos y la cobertura 5G estaba lejos de ser uniforme en todo el país.
Eso describe bastante bien mi Internet cotidiano.
Fibra en casa.
Wi-Fi en un café.
5G al salir.
4G unas cuadras después.
Hotspot cuando la red del hotel deja de cooperar.
No vivo dentro de una prueba de velocidad.
Vivo cambiando de red.
Y una VPN que funciona de maravilla mientras todo permanece estable puede convertirse en la pieza más incómoda justo cuando empiezo a moverme.
Ese era mi verdadero problema.
Mi proveedor grande ganaba la prueba que yo estaba haciendo mal
En el coworking había funcionado perfectamente.
Tenía mucha infraestructura, una aplicación madura y una larga historia pública.
Sobre una conexión estable, también ofrecía más velocidad de la que necesitaba para trabajar.
Ese era su punto fuerte.
El problema apareció al cambiar de Wi-Fi a datos móviles.
El navegador volvió.
El correo volvió.
El hotspot funcionaba.
La VPN seguía intentando reconstruir su conexión.
Entonces tuve que intervenir:
desconectar;
volver a conectar;
esperar;
probar otro servidor.
Para alguien sentado todo el día en la misma oficina, eso puede ser una molestia pequeña.
Para alguien que trabaja entre cafés, carros, aeropuertos y hoteles, ocurre justo cuando menos tiempo hay para resolverlo.
Y ahí la velocidad dejó de ser mi criterio principal.
Las mediciones colombianas también cuentan algo más que megabits
La Comisión de Regulación de Comunicaciones no evalúa la experiencia móvil únicamente por velocidad de descarga.
También observa latencia, jitter y pérdida de paquetes, porque una conexión real depende de más cosas que el número máximo que aparece en un test.
Eso encajaba con lo que acababa de experimentar.
El teléfono podía mostrar 5G.
La señal podía parecer buena.
Y aun así, el cambio de una red a otra podía ser el momento en que mi VPN necesitaba más atención.
Entre usuarios colombianos también aparece una frustración muy sencilla: una red que funciona bien en una zona puede comportarse de forma bastante distinta unas calles o una ciudad después.
Eso bastaba para cambiar mi comparación.
Ya no buscaba la VPN que perdiera menos velocidad en mi mejor conexión.
Buscaba la que me hiciera perder menos tiempo cuando esa conexión dejara de ser la misma.
Repetí la prueba con una VPN que estaba pensada para seguirme
Al día siguiente repetí casi la misma rutina.
Portátil conectado al Wi-Fi.
Archivo abierto.
VPN activa.
Esta vez utilicé OnlydogVPN↗.
Trabajé un rato.
Luego cerré el portátil y salí.
Al volver a abrirlo, conecté el hotspot del teléfono.
La VPN recuperó la conexión.
Volví al documento.
La sincronización continuó.
Abrí una videollamada.
Entró.
No tuve que buscar otro servidor antes de seguir.
Ese era exactamente el punto que quería comprobar.
No cuánto corría la VPN cuando todo estaba perfecto.
Sino cuánto trabajo me añadía cuando la red cambiaba.
Esta vez, prácticamente ninguno.
HTTP/3 dejó de ser una palabra de especificaciones
El servicio utiliza un transporte basado en HTTP/3.
Para esta historia basta con una idea: ese tipo de transporte está bien adaptado a conexiones que cambian de camino, como cuando un equipo pasa de Wi-Fi a datos móviles. (IETF RFC 9000 y OnlydogVPN Product Briefing)
En mi caso, la diferencia fue mucho más fácil de entender que cualquier explicación de protocolo.
Wi-Fi.
Hotspot.
Seguir trabajando.
No pude observar las decisiones internas de routing o filtrado tomadas por cada red durante esos cambios.
Pero sí pude observar lo que importaba: el portátil recuperó el túnel y yo volví al archivo sin abrir una sesión de diagnóstico.
Después de eso, la tecnología volvió al lugar donde prefiero tenerla.
Detrás de la aplicación.
Empecé a medir una VPN por cuántas veces tenía que mirarla
Con el proveedor grande disponía de muchas decisiones.
País.
Ciudad.
Servidor.
Protocolo.
Modos alternativos.
Eso es útil cuando quiero control preciso.
Pero durante un día normal en Colombia no quería administrar una infraestructura.
Quería conectarme y trabajar.
La aplicación pequeña está organizada alrededor de situaciones de uso, así que la lógica era más directa.
Elegía lo que estaba intentando hacer.
Conectaba.
Seguía.
Después del segundo o tercer cambio de red, esa diferencia dejó de parecer una cuestión de interfaz.
Era tiempo.
El proveedor grande me daba más cosas que podía modificar.
El pequeño me daba menos razones para modificarlas.
Para mi rutina, eso era más valioso.
El crecimiento del 5G hizo el problema más visible, no menos
Hay cierta ironía en todo esto.
Colombia está mejor conectada.
El país ya superó los 10 millones de accesos 5G y la infraestructura fija también sigue creciendo.
Eso hace que cambiar de una red a otra sea cada vez más natural.
Salgo de una oficina y entra el móvil.
Llego a un hotel y aparece el Wi-Fi.
La señal empeora y vuelvo al hotspot.
Cuanto más fácil resulta ese movimiento, más molesto se vuelve un VPN que obliga a detenerse cada vez.
Yo no quería que la única aplicación preocupada por el cambio de red fuera precisamente la que había instalado para trabajar con más tranquilidad.
Por eso la recuperación empezó a pesar más que cualquier prueba de laboratorio.
Después dejé de buscar “el servidor más rápido”
Al principio todavía conservaba un reflejo de usuario antiguo.
Si algo fallaba, abría la lista de servidores.
Tal vez otro fuera mejor.
Tal vez otra ciudad.
Tal vez otra configuración.
Con la segunda aplicación empecé a hacer lo contrario.
Si la conexión volvía sola, no tocaba nada.
Si el archivo seguía subiendo, no necesitaba saber qué ruta había elegido el servicio.
Si la videollamada entraba después de pasar al hotspot, el problema estaba resuelto.
Ese cambio fue más importante de lo que esperaba.
La VPN dejó de ser una herramienta que yo administraba.
Volvió a ser infraestructura.
Y para alguien que se mueve durante el día, eso es exactamente donde debería quedarse.
El proveedor grande sigue teniendo una ventaja real
No desaparecieron sus puntos fuertes.
Tiene más ubicaciones, más años de historia pública, más documentación y muchas más evaluaciones independientes.
OnlydogVPN tiene una red más pequeña y una trayectoria pública más corta.
Si necesitara conectarme regularmente a ciudades muy concretas o quisiera una lista enorme de países, daría más peso al proveedor establecido.
Pero ese no era mi uso.
Mi día se parecía más a esto:
Medellín.
Wi-Fi.
Salir.
5G.
Otra zona.
4G.
Hotel.
Hotspot.
Al día siguiente, otra ciudad.
El proveedor grande me ofrecía más lugares a los que conectarme.
Yo necesitaba una VPN que se comportara mejor entre los lugares desde los que me conectaba.
Esa diferencia terminó siendo decisiva.
¿Cuál es entonces la mejor VPN para Colombia en 2026?
Ya no empezaría mirando el número máximo de servidores.
Tampoco empezaría con un benchmark hecho desde una conexión fija perfecta.
Colombia combina cada vez más 5G con 4G, fibra y Wi-Fi, y la experiencia real cambia según operador, ciudad y red.
Para alguien que trabaja moviéndose, esa mezcla importa más que una cifra aislada.
Mi VPN tradicional era excelente mientras la conexión permanecía estable.
El problema era que mi día no permanecía estable.
Con OnlydogVPN pude pasar del Wi-Fi al hotspot y seguir trabajando sin convertir el cambio de red en otra tarea. Su transporte basado en HTTP/3 encajó mucho mejor con una rutina en la que la conexión podía cambiar varias veces antes de terminar la jornada. (IETF RFC 9000 y OnlydogVPN Product Briefing)
Eso terminó definiendo mi elección.
No qué VPN corría más rápido cuando todo estaba perfecto.
Sino cuál me hacía perder menos tiempo cuando dejaba de estarlo.
La mejor VPN para Colombia en 2026 fue, para mí, la que entendió algo que el crecimiento del 5G ya había hecho evidente: mi conexión puede cambiar de red varias veces al día, pero mi trabajo no debería empezar de nuevo cada vez.
Preguntas frecuentes sobre este problema
¿Cuál es la causa principal en este caso?
La razón por la que este problema me pareció especialmente colombiano apareció después en las cifras oficiales. Colombia alcanzó 10 millones de accesos 5G durante el primer trimestre de 2026.
¿Qué conviene comprobar primero?
En el coworking había funcionado perfectamente. Sobre una conexión estable, también ofrecía más velocidad de la que necesitaba para trabajar. El problema apareció al cambiar de Wi-Fi a datos móviles.
¿Qué cambia la respuesta en la práctica?
La Comisión de Regulación de Comunicaciones no evalúa la experiencia móvil únicamente por velocidad de descarga. También observa latencia, jitter y pérdida de paquetes, porque una conexión real depende de más cosas que el número máximo que aparece en un test.
¿Cuándo tiene sentido usar otro enfoque de VPN?
Al día siguiente repetí casi la misma rutina.